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viernes, 25 de julio de 2008

Comienza un nuevo blog

La próxima semana me voy de nuevo a Ecuador. Otros seis meses para trabajar de nuevo con Naciones Unidas, aunque esta vez dentro de un proyecto diferente.

Por este motivo, y a la segunda va la vencida quería escribir en un periódico. Es algo que me llenaba de orgullo y sobre todo, significaba un compromiso para hacer algo que me gustaba; escribir. Lo cual muchas veces en Ecuador no hacía por vagancia o porque después de trabajar no sentía el estímulo suficiente para sentarme de nuevo en frente del ordenador. Aunque más tarde me arrepintiera de no contar muchas de las experiencias que viví.

Así que esta vez sí. Un nuevo blog en el Norte de Castilla se ha abierto.

Aquí tenéis el enlace: Desde el Ombligo del Mundo

Esto no significa que deje de escribir en este blog. Cada que se publique algo en el norte pondré aquí el enlace y sin duda, habrá que cosas que no quiera que salgan en el blog del periódico así que saldrán por esta vía. En cuanto sepa la fecha de mi salida la escribiré.

Comentarios sobre el nuevo blog:
1. Borja, por Diego Fernández Magdaleno
2. El ómbligo del mundo, por Javier Sanz
3. Borja Santos Porras, por Álvaro Fernández Magdaleno


viernes, 30 de mayo de 2008

Gestión Musical Lueno presenta a Diego Fernández Magdaleno

Gestión Musical Lueno a colgado en internet varios vídeos de Diego Fernández Magdaleno.



Además , en aras de promocionar la música contemporánea y la labor musical de Diego, ha creado esta fabulosa página Web.

www.fernandezmagdaleno.com

jueves, 22 de noviembre de 2007

Reunión con el coordinador residente y todos los jefes de agencias

Este martes pasado, asistí a una reunión con el coordinador de las NNUU en Ecuador y los representantes de todas las agencias. Tuve la suerte de que en ese momento acababa de crear el logo del grupo UNETE (United Nations Emergencies Team Ecuador) y estaba estableciendo las líneas generales de la nueva página Web del grupo de Emergencias, por lo que me ofrecieron tener un espacio para exponerlo, así como los objetivos que pretendía cubrir dicha página.
Fue un gran reto tener la oportunidad de tener un espacio de tiempo de exposición delante de todos los jefazos, cuando reuniones como esa hay dos o tres máximo cada año. Me vestí en traje para, aunque fuera el más joven de la reunión, aparentar cierta “presencia”. Momentos antes pensé en si me pondría nervioso hablando delante de estas autoridades. Empecé a intentar recordar si alguna vez me habían presentado y había tenido que hablar delante de gente que ocupaba cargos tan importantes. Curiosamente, lo primero que recordé fue momentos que había pasado en el conservatorio junto a mi profesor Diego. Muchas veces, en sus clases, conciertos o cursos, de repente, me presentaba a artistas de una talla excelente. Quizá a algunas de dichas personas les conocieran sólo unos pocos y probablemente no muchos lo/a consideraran una autoridad. Sin embargo, me infundían un respeto tan grande que me era imposible decir palabra. Me limitaba a escuchar. Era como si cada palabra que les oyera se me quedara grabada y en la vuelta a casa fuera saboreando y reflexionando lo que habían estado hablando. Ese respeto provenía de lo que significaba esa persona, del trabajo que había realizado, de la coherencia, belleza y sabiduría que desprendían sus palabras. También como no, de lo que Diego me había enseñado sobre ellos.

Llegué a una breve conclusión, que el respeto y nerviosismo que debía tener dependía fundamentalmente de la categoría de las personas a las que iba a hablar y muchas veces no tanto de su cargo, ya que a veces no llega más arriba políticamente el que más sabe. Así que, como la ignorancia es la madre del atrevimiento, y realmente las caras de esas personas no las asociaba con nada, me levanté y solté mi breve retahíla ensayada. La reunión siguió, con más gente explicando el plan de emergencias. Acabó y me fui. Nadie me dijo nada. ¿Será buena o mala señal? En fin, sigamos a lo nuestro.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Anotaciones de lectura

Nunca he conseguido ser de aquellos que presumen de leerse un libro 18 veces. A pesar de que algún libro me haya encantado o sea el favorito de entre mis favoritos, la angustia o la ansiedad de saber que podía estar leyendo en ese tiempo algo nuevo puede conmigo. Aunque la comparación sea algo estúpida me pasa como cuando voy paseando con mi familia y nos compramos un helado de cucurucho. Todos tenemos nuestros sabores preferidos. Los míos son limón y yoghurt. Sin embargo, no recuerdo la última vez que lo pedí. Siempre que tengo que elegir me planto ante la vitrina y me digo: míralos, ¡qué rico tiene que estar el de limón y yoghurt!. Aún así, empiezo a mirar la diversidad de sabores que tienen y al final eligo algo que nunca haya probado, a sabiendas que no me pueda gustar o que el de limón y yoghurt iba a saber que te cagas. Algo en mi interior me inquieta, me corroe. Pienso que ya sé cómo saben esos dos sabores, los puedo casi hasta sentir y degustar en mi boca pero el hecho de ver otros los cuales no puedo representar, no puedo imaginar cómo pueden saber hacen siempre que me decante por elegir una combinación nueva. Al final, un alto porcentaje de veces pruebo la combinación y me digo: "bueno, no está mal..." Miro a mi hermana, ella siempre elige el de limón y yoghurt y me dice: "¿Quieres probar?". Yo pruebo y la respondo: "Joder, qué bueno que está, tú si que sabes..."

En fin, volviendo a los libros. La cuestión es que el hecho de no releer los libros que me han gustado me creaba un problema. Olvidaba casi por completo de qué trataban y el porqué esos libros me habían gustado tanto. "¿Qué me habría aportado ese libro?", me preguntaba. Sentía una especie de vacío. Todos los libros que me he leído no han valido para casi nada ya que no logro recordar nada de ellos. Me consolaba lo que me dijo Diego un día dándome clase de piano citando una frase de alguien que no recuerdo: "que aquello que quedaba después de leerte mil libros y olvidarlo todo, ese humus, es lo que podríamos llamar cultura". A pesar de ello, era una pena olvidarlo todo. La cosa llegó a tal punto que había un libro que prestaba muchas veces ya que lo consideraba bastante bueno. Llegó un momento en que empecé a replantearme que sólo dejaba ese libro por la sensación que tenía de que era bueno. La sensación dejada por aquellos recuerdos que habían estado en mi memoria. Pero, en realidad no recordaba nada. Así que decidí antes de seguir recomendarlo con tanta insistencia leermelo de nuevo. Llegué a dos conclusiones. La primera, que el libro estaba bien pero que ya no me cautivaba tanto así que dejé de recomendarlo . Y la segunda, que si hubiera seleccionado cuatro páginas del libro y me las hubiera leído, hubiera recordado el argumento del libro y los mejores momentos de éste. Por supuesto, cada libro es un mundo. Y hay libros que cada página es una obra de arte pero en este caso se podía resumir bastante en dichas páginas. Esto me llevo a la conclusión que debía seleccionar de algún modo los mejores momentos de un libro, para así, una vez pasado el tiempo pudiera releer sólo esos mejores momentos y poder vivir de nuevo sus mejores enseñanzas.El porqué lo disfruté tanto y recuperar en breve aquello que aprendí.

Empezé utilizando el lápiz y subrayando los mejores pasajes, citas... Suelo leer echado en la cama, y tener que hacerlo sosteniendo el libro y cogiendo el lápiz a la vez es incómodo y ya no te digo subrayar en esa posición. Las líneas eran menos paralelas que las líneas de pentagrama que dibujaba Pilar Gago, jarrrl, pecadorrrl. Entonces, decidí hacer llaves seleccionando lo que me gustaba. Tampoco funcionaba ya que perdía el lápiz a los 10 minutos así que lo dejaba. Después me decidí por los post-it de colores, pero son tan llamativos y recordaban tanto a los apuntes de clase que lo dejé poco después. Entonces llegué a la idea de lo que hacía de pequeño para marcar la página. Hacer un pequeño doblez en aquella página en que se encuentra lo que te gustaba. Sencillo y cómodo. El sistema se puede perfeccionar, si ves que te han salido muchas páginas, seleccionas también las dos o tres mejores y haces un doblez pero esta vez por la parte de abajo de la página (what a freak!). Esto trae un peligro, y es que si el libro que he leído me ha gustado mucho, al final, el libro parece un acordeón de la cantidad de pliegues que aparecen. Podría cogerlo para apretarlo y darme aire en horas intenpestivas de calor a través de sus páginas. Aún así, la solución me funcionó y acabo de releer un libro del cual os cito acontinuación las páginas con pliegue por abajo. Al leer esas páginas he vuelto a recordar los mejores chispazos. Ha sido un alivio.

"Einsteins, por favor" de Jean- Claude Carriére

Son las conversaciones ficticias entre Einstein y una periodista que le realiza una entrevista.

"Nada dice que las leyes que descubre y verifica en el universo existan en una realidad absoluta e, incluso si existen fuera de nosotros,que sean acertadas. Son sólo una proyección de nosotros mismos, sólo son acertada para nosotros. Como dicen con insistencia los partidarios de la multitud, los realistas, es probable incluso que el universo no sea el que observamos y analizamos, o al menos que no sea sólo eso. [...]
Cada pensamiento crea su propia prisión y se evade de ella por sus propios medios. O cree evadirse. Pues excavamos nuestros túneles de evasión y,al mismo tiempo, avisamos a los guardias. La misma voz que hace las preguntas da las respuestas. Ni las especulaciones religiosas, bloqueadas por el dogma desde el inicio, ni las temerarias aventuras filosóficas, ni el extremado virtuosismo ( a nuestro modo de ver) de las verificaciones técnicas, ni nuestras fantasmagóricas escapadas superan nunca lo humano. Y con razón. Nuestras pruebas sólo valen para nosotros. Probablemente no interesan a nadie más, salvo como curiosidades locales. Nuestro sistema sensorial, nuestro pensamiento lógico y nuestra imaginación ejercida no pueden salir de nuestro círculo.
En los años noventa, algunos neurobiólogos definían el cerebro humano como "el objeto más complejo del universo". ¿Qué sabáin ellos? El orgullo de la fórmula no oculta el hecho de que el cerebro se define a sí mismo y canta su propia gloria sin darse cuenta siquiera de que, al mismo tiempo, se critica y se devalúa, puesto que es capaz de vanidad.
[...]
Todos los análisis y todos los cálculos tendrán que recomenzarse una vez más. Y se abrirán otras puertas, otras dimensiones, otros territorios. Sólo los adeptos de la ignorancia se consideran satisfechos de una vez por todas. Cuando no se sabe nada, es para siempre. Todo conocimiento, por el contrario, conduce a otras obscuridades. Es algo bien conocido.
-¿Incluso el conocimiento del todo?
-Sobre todo éste - dice él.
- ¿Por qué?
- Porque, primero, deberíamos ponernos de acuerdo sobre la palabra del "todo".
-¿Qué es el todo?
-De eso no sé nada."

1.Alberto Iglesias, premio nacional de cinematografía
2.Banda sonora de 'Hable con ella' por Alberto Iglesias

viernes, 3 de agosto de 2007

¿Para qué coño escribir a menudo en un blog?

¡Ay madre!. Llevaba 15 días sin internet. ¡Qué gozada! Sin preocupaciones. Con tiempo y tiempo para mi y para dedicarlo a los demás. Sin esa conciencia de culpa que resulta de pasar horas y horas pegado a la pantalla. Sintiendo el clic del ratón como una nueva calada a ese cigarillo que no puedes dejar de aspirar.Y otro, y otro... Vicios que aunque este tiempo en el campamento cayeran en el olvido, bastan dos días para caer de nuevo en su espiral. La compulsión de pasar el tiempo navegando por internet. El e-mail, los periódicos, los blogs que ojeas a diario, de nuevo el e-mail, quien habrá en el skype,un poco de chat, quizá me haya llegado un e-mail en este rato... y de pronto me doy cuenta que tengo un blog. ¿Debería escribir? , ¿para qué?. ¿Debería ser una obligación con un algún amigo que por amistad o quizá por vicio cibernáutico compartido mira el blog de vez en cuando?, o quizá ¿brota de una necesidad personal que sólo debe ser saciada cuando surge dicha necesidad, sin ningún imperativo exterior?. Este diario nació debido, efectivamente, a una necesidad. La de contar las historias que me ocurrían en el extranjero (Berlín) y así la gente de mi entorno supiera un poco cómo me iba por allí. Naturalmente el modo de vida distinto, otras culturas, los viajes... daban material para contar historias interesantes. Sin embargo, la rutina y el hastío de la vida diaria hace que no se pueda contar vivencias interesantes cada poco tiempo. Es cuando me surge otra necesidad. La de contar aquello que viene más de dentro que de fuera. La que proviene de lo que pensamos. Aquí es cuando dicha necesidad personal se me debate en ser escrita y compartida o no. Y es cuando la opinión de otros bloggeros me ayuda a comprometerme a escribir. Hablando con Jesús Castañé en el campamento. Me comentaba cómo surgió su blog, que aunque de Url tenga de nombre “Sin opinión de nada”, se llama “Con opinión de todo” (http://sinopiniondenada.blogspot.com/). Y es que transcribiendo sus palabras del mejor modo que puedo, me comentaba que era preciso opinar. No se puede leer y leer un blog u otros temas y no hacer comentarios. Si no que hay que hacer el esfuerzo de hablar sobre ello y comentar nuestro parecer. Por supuesto es preciso opinar razonando nuestras opiniones y aquí interviene lo que leo en el blog (siempre referente) de Diego Fernández Magdaleno (http://laspalabrasdelagua.blogspot.com/2007/07/pensar.html) acerca del pensar. En el cual transcribo: “Pensar exige un esfuerzo que muchísimas personas no están dispuestas a hacer. Y no me refiero al pensamiento metafísico ni al pensamiento matemático. No. Me refiero al simple proceso que lleva a razonar. Es cada vez más común la adhesión incondicional a lo que otros dicen, sin pasar por el tamiz, imprescindible, de la razón. Es ésta una sociedad que habla de oídas, que repite los lugares comunes que saltan desde las emisoras de radio o las televisiones, cuando no del puro cotilleo, donde no se necesitan pruebas ni datos para calumniar a cualquiera. Estar en el mundo es pensar. Dice Josep Soler que -salvadas las necesidades primarias- la única obligación del ser humano es pensar. Pero lo que se denomina ciudadano medio prueba justamente lo contrario.”

El proceso de la escritura me sirve por un lado de terapia, en la cual el hecho de expulsar aquello que remueve mis pensamientos produce una sensación de alivio. Un pequeño hijo expulsado, de estos que una vez pasado los años te gustaría hacerle la pruebas de ADN para saber si aquellas chorradas fueron germinadas por uno mismo. Por otro, como una sensación de que a través de la escritura consigo razonar todo aquello que acontece a mi alrededor. Que como decía Castañé, hay que opinar, joder. Y esforzarnos, en como escribe Diego, en no convertirnos en aquellos miembros de la sociedad que adhieren lo que sucede en nuestro entorno sin que pase por el tamiz de la razón. Sin más dilación, pensemos ya que estamos.