Este diario nació debido, efectivamente, a una necesidad. La de contar las historias que me ocurrían en el extranjero (Berlín) y así la gente de mi entorno supiera un poco cómo me iba por allí. Naturalmente el modo de vida distinto, otras culturas, los viajes... daban material para contar historias interesantes. Sin embargo, la rutina y el hastío de la vida diaria hace que no se pueda contar vivencias interesantes cada poco tiempo. Es cuando me surge otra necesidad. La de contar aquello que viene más de dentro que de fuera. La que proviene de lo que pensamos. Aquí es cuando dicha necesidad personal se me debate en ser escrita y compartida o no. Y es cuando la opinión de otros bloggeros me ayuda a comprometerme a escribir. Hablando con Jesús Castañé en el campamento. Me comentaba cómo surgió su blog, que aunque de Url tenga de nombre “Sin opinión de nada”, se llama “Con opinión de todo” (http://sinopiniondenada.blogspot.com/). Y es que transcribiendo sus palabras del mejor modo que puedo, me comentaba que era preciso opinar. No se puede leer y leer un blog u otros temas y no hacer comentarios. Si no que hay que hacer el esfuerzo de hablar sobre ello y comentar nuestro parecer. Por supuesto es preciso opinar razonando nuestras opiniones y aquí interviene lo que leo en el blog (siempre referente) de Diego Fernández Magdaleno (http://laspalabrasdelagua.blogspot.com/2007/07/pensar.html) acerca del pensar. En el cual transcribo: “Pensar exige un esfuerzo que muchísimas personas no están dispuestas a hacer. Y no me refiero al pensamiento metafísico ni al pensamiento matemático. No. Me refiero al simple proceso que lleva a razonar. Es cada vez más común la adhesión incondicional a lo que otros dicen, sin pasar por el tamiz, imprescindible, de la razón. Es ésta una sociedad que habla de oídas, que repite los lugares comunes que saltan desde las emisoras de radio o las televisiones, cuando no del puro cotilleo, donde no se necesitan pruebas ni datos para calumniar a cualquiera. Estar en el mundo es pensar. Dice Josep Soler que -salvadas las necesidades primarias- la única obligación del ser humano es pensar. Pero lo que se denomina ciudadano medio prueba justamente lo contrario.”
El proceso de la escritura me sirve por un lado de terapia, en la cual el hecho de expulsar aquello que remueve mis pensamientos produce una sensación de alivio. Un pequeño hijo expulsado, de estos que una vez pasado los años te gustaría hacerle la pruebas de ADN para saber si aquellas chorradas fueron germinadas por uno mismo. Por otro, como una sensación de que a través de la escritura consigo razonar todo aquello que acontece a mi alrededor. Que como decía Castañé, hay que opinar, joder. Y esforzarnos, en como escribe Diego, en no convertirnos en aquellos miembros de la sociedad que adhieren lo que sucede en nuestro entorno sin que pase por el tamiz de la razón. Sin más dilación, pensemos ya que estamos.